Esa delgada mujer me mira... mira su cuadernito, me mira, mira su cuadernito... escribe, escribe y escribe... asiente con la cabeza, y escribe; me mira y escribe.
Mientras una parlanchina que está sentada en un cómodo sillón rojo, habla y habla.
- ¡Espera! Vamos un poco más lento, por favor.
Clama esta humilde servidora, con las manos cansadas y las orejas hinchadas.
- mmm... interesante... muy interesante.
Asegura después, mientras la parlanchina la observa perpleja. De tooooooooodo lo que dijo, ¿Qué será lo interesante?
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